Comisión Promotora Socialismo 21


Comisión Promotora Socialismo21

Estimad@s amig@s y compas:

Os informamos del Manifiesto-Presentación del proceso constituyente de la Asociación político-cultural Socialismo21 con los primeros firmantes hasta el momento.

Podéis consultarlo en la web www.socialismo21.net

Saludos fraternales.

Convocatoria por Loja (CpL) Reunión del 10 de agosto en Osuna

Reunión del 10 de agosto en Osuna
Hola

Desde Convocatoria por Loja (CpL),  
hemos pensado que sería bueno tener una reunion abierta de grupos municipales  y candidaturas progresistas y de izquierda (tanto provenientes de IU  como del PSOE o independientes) de base local, que actualmente estamos trabajando cada uno por nuestro lado.

Creemos que podemos estudiar la posibilidad de iniciar un camino para colaborar entre nosotros e incluso buscar las formas para poder actuar conjuntamente, al menos en algunos temas, e incluso (a medio plazo trabajar por la participación (junto con otros proyectos ya en marcha) en la configuración de un nuevo proyecto político (ya que la mayoría hoy nos consideramos huérfanos del mismo) que desde el ámbito progresista y transformador y con nuevas formas de estar y actuar en política, parece muy necesario. En este sentido podría plantearse debatir en torno a la posibilidad de presentamos a las elecciones municipales bajo algún paraguas electoral común, sin que por por supuesto ello signifique que desaparezcan nuestras raices locales o provinciales y nuestra autonomía e independencia.

Hemos puesto una fecha y un lugar para la reunión: el 10 de agosto a las 6 de la tarde en Osuna.

Somos conscientes de que no es una fecha especialmente buena, por ser periodo vacacional para muchas personas, pero se trataría de mantener un primer contacto, un primer intercambio de opiniones para, en su caso, posteriormente poner en marcha los procesos que se decidan. Todos somos conscientes de que a partir de septiembre la dinámica política y electoral se va a disparar y que tal vorágine hará más difícil un debate más sosegado.

Desde CpL somos conscientes de la gravedad de la crisis económica (aumento del desempleo, caida del PIB, insostenibilidad del modelo económico actual...),  política (la denominada "clase" política se ha convertido en un grave problema para los propios ciudadanos y hay una gran desconfianza hacia los políticos profesionales...) y social (nos encontramos con una sociedad desorientada, desarticulada, carente de referentes morales y de alternativas, que se ha quedado perpleja ante los cambios tan vertiginosos a los que estamos asistiendo...).

Tras las dudas iniciales, el capitalismo ha dedicido aprovechar la crisis para proceder al desmantelamiento del denominado Estado del Bienestar, el modelo social europeo, que con todas sus deficiencias, con todas sus desigualdades, es el espacio más igualitario del mundo. El denominado pensamiento único ha aceptado sin problemas que los Estados intervengan para "salvar" al sistema financiero, sin importarle ni el déficit público ni el tan denostado (por ellos) intervencionismo político. Pero en cuanto que ha podido se ha lanzado de nuevo a sus viejos discursos contra la política, contra la regulación de los "mercados" y contra el déficit público y las políticas sociales.

La agresión es tan fuerte que pasa por encima de los gobiernos (todos aplican medidas similares, estén adscritos a ideologías conservadoras, socialdemócratas o neoliberales), lo que implica que actúan al dictado de los "mercados", de los poderes financieros que se han situado por encima de cualquier democracia (¿qué más da votar unas opciones u otras si al final las políticas que desarrollen van a ser las mismas?) que quedaría en un mero formalismo, legitimador del sistmema pero casi inútil para la ciudadanía.

Está claro que esta situación exige respuestas más amplias, más fuertes, de forma que tengan alguna posibilidad de frenar la agresión e incluso plantear alternativas al modelo económico que nos quieren imponer.

Por tanto, entendemos que la actual coyuntura política, por su gravedad, hace que sea más facil que personas que actuamos a nivel local demos un paso hacia adelante y, sin dejar de lado lo que somos en cada uno de nuestros pueblos y ciudades, iniciemos un proceso de coordinación a nivel andaluz.
Hemos iniciado una serie de contactos que por toda Andalucía que ha dado como resultado que hasta ahora hayan mostrado su interés por acudir a esta primera reunión:

- En Huelva, Bollulos y varios pueblos.
- En Granada, además de Convocatoria por Loja, se ha contactado con los alcaldes de Polopos-La Mamola y Fuente Vaqueros. Está pendiente el contacto con Juntos por Santa Fé y varios pueblos más.
  También esta se ha contactado con la asociación política Bloque primero Izquierda.
- En Málaga se ha contactado con Compromiso por Málaga y se está pendiente de contactar con el equipo de gobierno de Villanueva del Rosarío.
- En Sevilla está contactado el AMA de Morón y el partido NIVA.
- En Cádiz debería estar contactada Chiclana.
- En Jaen hay gente contactada pero estamos pendientes de saber quien podría venir a Osuna.
A todos/as les hemos comentado que para la reunión deberíamos considerarnos todas/os como autoconvocantes, en un plano de igualdad, y que en caso de así decidirlo, deberíamos trabajar en red y extendiendo la presente convocatoria al máximo entre las personas y grupos que entendamos que pudiesen estar interesadas.

Un cordial saludo desde CpL

Para contactar:

Juan Pérez Unquiles
buzon@convocatoriaporloja.net


Acuerdos adoptados


1º) Se propone una Coordinadora andaluza formada por las siguientes personas:
  • PA+PSA (un representante)
  • Verdes (un representante)
  • CpL (un representante)
  • Francisco Díaz Ojeda (Independientes de Huelva)
  • Antonio Serrano (CpM)
  • José Pedro Butrón (Unidos por Chiclana)
  • Antonio Luis Girón.
No obstante, aclarar que a dicha reunión podéis asistir quienes lo deseéis, porque es abierta.


2º) Próxima reunión de partidos y territorios:
Martes, 19 de octubre de 2010, en Osuna.


3º) Creación de coordinadoras provinciales, para trabajar pueblo a pueblo.









¿Dónde está la gente?

¿Dónde está la gente?



Hace unos días tuve una interesante conversación con un alumno, un estudiante de Filosofía inteligente, que razona sus argumentos y analiza cabalmente el entorno sociopolítico. Se preguntaba cómo acabaría la crisis del capitalismo, y esperaba una reacción popular, la aparición de una nueva izquierda y la extensión de la democracia participativa. Yo le mostré mi escepticismo.
La mayoría de ciudadanos estamos de acuerdo en el análisis: los agentes que han provocado la crisis han sido ayudados por los Estados con fondos públicos, mantienen sus posiciones de dominio y condicionan la recuperación económica a su favor con ataques especulativos contra focos de debilidad como la zona euro. Desde la caída de Lehman Brothers, llevamos dos años escuchando por parte de los gobernantes cantinelas sobre la refundación del capitalismo y la regulación de los mercados, pero al cabo de ese tiempo seguimos igual, si no peor. No cabe esperar grandes regulaciones del mercado por parte de políticos liberales, conservadores, socialdemócratas y democratacristianos que volverán al sector privado tras su paso por la política. El aplazamiento de la regulación europea de los hedge funds a petición de Brown fue muy sintomático: el líder laborista, supuestamente de izquierdas, temía los efectos electorales de una medida de izquierdas. El líder laborista no quería molestar a los sindicatos, sino a los financieros de la City: el mundo al revés, o ya no tanto.
Paradójicamente, las únicas intervenciones activas de los gobiernos han sido para ayudar a los bancos y recortar derechos sociales. Las ayudas a los bancos se han justificado por el temor a su falso chantaje: si caen ellos, caemos todos. No es cierto: si caen ellos, caen los accionistas y los directivos, pero no los depositantes, cuyas cuentas están cubiertas por los Fondos de Garantía de Depósitos. Y si de crédito a familias y PYMES se trataba, lo propio era que el Estado, mediante un banco público, lo facilitara directamente. Al final, los fondos públicos han sido utilizados por la banca para equilibrar sus balances, pedir préstamos al BCE al 1% y comprar deuda del Estado al 4%: negocio redondo. En el caso español, habría sido más lógico que un Gobierno supuestamente socialdemócrata prestara dinero público a los bancos a cambio de acciones antes que de activos financieros. Así, el Estado ha perdido la oportunidad de entrar en el capital social de los mismos y de poder controlar el destino del dinero facilitado.
El capitalismo no está en crisis, sino en reestructuración. Una cierta izquierda lo plantea como derrota del neoliberalismo por sus devastadores efectos: todo lo contrario, pues para el neoliberalismo tales efectos no son intrínsecamente indeseables, sino contingentes. La mano invisible descrita por Adam Smith (*), esa mano que está detrás de todas las operaciones y que acaba ajustando los factores económicos, actúa en clave de selección natural, en la que los fuertes se están comiendo a los débiles. No estamos, pues, ante una crisis DEL capitalismo, sino EN EL capitalismo; no una crisis del sistema, sino de algunos de sus componentes, que otros no sólo no la sufren sino que se benefician de ella. El sistema se está adaptando, y tras los necesarios ajustes -con la agradecida ayuda de los Estados- resurgirá con más fuerza que antes. Para el marxista, el capitalismo ha fallado; para el neoliberal, han fallado los débiles y los chapuceros, pero el sistema tiene larga vida porque no hay otro. Algún día, esa mano invisible hará encajar las grandes cifras macroeconómicas y todos volveremos a vivir por encima de nuestras posibilidades, que son cuatro días.
En este contexto, ¿dónde quedan los ciudadanos, la democracia, la izquierda? Ni están, ni se les espera. En el combate entre Estado y Mercado, claramente vence el segundo. Constatamos que los bancos y los especuladores se aprovechan de la situación y consolidan sus posiciones de dominio económico y político. El abuso es manifiesto y provoca más desempleo, más desigualdad, más recortes sociales y mayor dependencia de los Estados, cuya soberanía se ve limitada. Todos lo vemos. ¿Reaccionamos? No. Algo en Grecia, la primera víctima propiciatoria, pero poco más. El sentido internacionalista de una verdadera izquierda se tomaría las revueltas griegas como el anticipo del fantasma que va a recorrer Europa. Presentaría a los ciudadanos griegos como la vanguardia del movimiento popular europeo que se alzaría contra este capitalismo arbitrario y salvaje. Sin embargo, las revueltas griegas se ven como eso, específicamente griegas, lejanas, televisivas. De momento, parece que no hay riesgo de contagio y los capitalistas siguen tranquilos.
En el caso español, ni los sindicatos se atreven a convocar la Huelga General. Su dependencia de las subvenciones estatales les ha llevado a una identificación excesiva con un gobierno débilmente socialdemócrata, y en este momento no gozan de la credibilidad necesaria para provocar la contestación popular. Por otra parte, el sindicalismo de clase se ha convertido en un sindicalismo de empresa: se movilizan los empleados de un centro de trabajo ante un cierre o un ERE, pero eso no provoca la solidaridad automática de los demás trabajadores. En una sociedad tan estratificada como la actual, el concepto de clase se ha diluido. La dualidad creciente entre obreros empleados y desempleados identifica a las centrales sindicales con la defensa de los primeros y el olvido de los segundos.
Por ello, observamos cómo las respuestas a la crisis son mucho más individuales que colectivas: cada uno se busca su salida, lo que detrae energías para una contestación masiva. La escasa asistencia al reciente Primero de Mayo es un ejemplo de la apatía y del desinterés de muchos ciudadanos por articular una respuesta de clase o cívica contra la crisis. Ni los sindicatos ni las izquierdas están en condiciones de movilizar a la sociedad. La supuesta izquierda gobernante es la que, con todo el dolor de su corazón, recorta los derechos sociales como les mandan los mercados y la UE; y la izquierda alternativa no encuentra ni su espacio ni su discurso, envuelta en interminables refundaciones y peleas internas. A falta de líderes y de un discurso coherente, el juez Garzón se erige en icono de una izquierda que se moviliza por causas del pasado más que del presente.
El alumno de Filosofía, impecable en su discurso cívico, confía en las posibilidades de Internet y de la democracia participativa. Cuidado: la red abre espacios de democracia de opinión, pero no necesariamente de movilización. En términos de Manin (**), amplía los márgenes de la democracia de audiencia, pero no de la participativa. Podemos expresar abiertamente nuestra opinión más radical e intransigente en los numerosos foros abiertos en la red, pero no está claro que eso inquiete a los poderes financieros si no se traslada a la calle.
En cuanto al desarrollo de la democracia participativa y deliberativa, la Ciencia Política sigue analizando más o menos los mismos casos desde hace años: los ensayos de democracia local en Porto Alegre y el Suroeste de Brasil, el voto electrónico y las listas independientes de los caucus norteamericanos, la elaboración social y abierta de los presupuestos en algunos ayuntamientos, y las consultas que de vez en cuando se convocan en diversos municipios. La democracia participativa se mantiene en un contexto local y en una fase experimental. La representativa, por su parte, sigue mediatizada por las élites de unos partidos cerrados, poco flexibles al debate interno y reacios a las listas abiertas y desbloqueadas. Mediante las redes clientelares que extienden en los territorios que gobiernan, estrechan sus relaciones con los poderes económicos. Los sistemas de partidos nacionales están bien encauzados por las élites dirigentes, y mientras tanto la Unión Europea sigue con su déficit democrático. La ofensiva actual del neoliberalismo contra el poder político hace que el mercado condicione al Estado y la economía a la política, cuando debería ser al revés. La democracia liberal acaba siendo una quimera. En esto, no le faltaba razón a Marx.
Por lo tanto, muchos ciudadanos conocemos el problema y acordamos el diagnóstico: el capitalismo no funciona, es injusto y socava la democracia: hace falta una alternativa. Pero ¿quién la define, quién la defiende y quién la aplica? El comunismo fracasó y la socialdemocracia se ha vendido. ¿Quién le pone el cascabel al gato, y cómo ha de ser este cascabel? Sinceramente: no lo sé. Hay activistas, políticos y un pensamiento económico de izquierdas. Pero no hay líderes ni organización. No falta la alternativa teórica, sino la práctica. Falta el referente. Y falta lo básico, el agente protagonista: el pueblo, cuya soberanía está en discusión y no hace gran cosa por evitarlo. Por desidia, por desengaño, por cansancio o por individualismo, no se prevé una contestación social en un país con casi cinco millones de parados. Con la que está cayendo, la pasividad es la nota dominante. La actitud de la clase política no es modélica, el desencanto derrumba la esperanza, la educación se resiente y la televisión nos inunda con programas en los que los modelos sociales son personajillos que triunfan sin estudiar ni trabajar. Programas deleznables que son vistos diariamente por millones de personas.
Nuestro entorno cultural no es cívico, crítico y social, como en el norte de Europa. Nuestro entorno cultural es consumista, materialista, individualista y, en cierta medida, comprensivo con la corrupción. La corrupción económica, la política y la cultural es la que define en buen grado esa mano invisible de la que antes hablaba, y que penetra en todos los resortes del poder. Este es el entorno que nos envuelve, en el que vivimos y respiramos. Es un entorno cultural capitalista, y no es fácil impedir que nos contamine. La izquierda alternativa juega, voluntariosamente, en terreno visitante. El resultado es una encrucijada pirandelliana: o la izquierda no encuentra a su pueblo, o el pueblo no encuentra a su izquierda. Económicamente, el pueblo no se plantea otro sistema, y políticamente vota a una izquierda de mentirijillas para que no gane la derecha de verdad. Las diferencias políticas cada vez son más inapreciables, pero aún nos creemos que sirve de algo votar a Sagasta para que no gane Cánovas.
Hace más de treinta años, Lluís Llach nos contaba, en Damunt d´una terra, que la gente lo tenía más claro: “en Maurici sap molt bé / que si només dubta poca cosa té / En Maurici sap què fer/ trobarà els companys i sortirà al carrer” (“Mauricio sabe muy bien / que si sólo duda poca cosa tiene / Mauricio sabe qué hacer / encontrará a los compañeros y saldrá a la calle”).
Mauricio sabía qué hacer: no dudar y salir al encuentro de la gente. Entonces la gente, los compañeros, estaban ahí. Hoy están viendo la tele, tomando unas cañas, preparando las próximas vacaciones o buscándose la vida como pueden, que no es poco. La gente está demasiado ocupada para pensar en revueltas contra el sistema. Por favor, no molesten.
Nota:
(*) Smith, Adam (1776, ed. 2009), Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, Madrid, Alianza Editorial. 
(**) Manin, Bernard (1998), Los principios del gobierno representativo, Madrid, Alianza Editorial.

Paralelo 36 Andalucia - Espacio de pensamiento y acción política

¿Quiénes Somos?

Paralelo 36 Andalucía es un espacio abierto de pensamiento y acción política en Andalucía. Nos une la ecología política, el igualitarismo social, la alterglobalización, los derechos humanos, el feminismo, la democracia radical, el andalucismo y el republicanismo. Nos alienta la idea de una Andalucía libre, diversa, dueña de su destino, solidaria con su historia y constructora de su identidad.
Hace unos meses, personas de distinta procedencia y trayectoria coincidimos en la idea de crear un espacio común de debate y reflexión política en Andalucía. Lo hacemos convencidos de que vivimos tiempos difíciles, pero que es posible alzar la voz con nuevas propuestas y alternativas. Nos unen los referentes ideológicos de la ecología política, del igualitarismo social, de la alterglobalización, de los derechos humanos, del laicismo, del feminismo, de de la democracia radical y del republicanismo. Nos alienta la idea de una Andalucía diversa, dueña de su destino, solidaria con su historia y constructora de su identidad.
Hemos creado una revista llamada PARALELO36 que trimestralmente abordará en profundidad la situación de Andalucía. Como complemento, este blog actualizará semanalmente los contenidos de la revista. Los artículos y opiniones son personales a excepción de las Editoriales.
En estos momentos estamos creando un amplio Consejo Editorial y preparamos la presentación de la revista en todas las provincias andaluzas.
Si te interesa, puedes conectar con nosotros en la dirección paralelo36andalucia@gmail.com

Encuentro Andaluz RED ANDALUZA POR LA JUSTICIA, LA IGUALDAD Y LOS DERECHOS HUMANOS

Recogida de firmas de la Red Andaluza

Las personas firmantes, ante la situación de crisis política, económica y social en que nos encontramos DENUNCIAMOS:
- Que la crisis y el extraordinario aumento del desempleo que se viene produciendo han sido ocasionados por el comportamiento irresponsable de la banca y los especuladores internacionales, por la complicidad de la mayoría de los representantes políticos y por la dejación de la mayoría de las autoridades nacionales e internacionales que hicieron oídos sordos a los problemas que se estaban generando y a los cuales, sin embargo, no se les ha exigido ningún tipo de responsabilidades.
- Que las medidas que están tomando los gobiernos para hacer frente a la crisis las están pagando los ciudadanos y ciudadanas que no la han provocado, los trabajadores asalariados y autónomos y mal llamados autónomos dependientes de ingresos más bajos, e incluso miles de pequeños y medianos empresarios.
- Que esas medidas están suponiendo una pérdida de renta y de derechos sociales que costó decenios conseguir.
- Que se está imponiendo la voluntad de los llamados “mercados”, que en realidad son los grandes inversores y financieros internacionales sobre la de los gobiernos, lo que supone una limitación inaceptable de la democracia.
- Que los medios de comunicación ocultan las propuestas que los economistas y movimientos sociales alternativos están realizando para resolver la crisis respetando el bienestar social.
Convencidos de que todo ello es una inmoralidad flagrante y algo contrario a los principios elementales de la democracia y la justicia social, EXIGIMOS a los poderes públicos y a los gobiernos que pongan fin a los privilegios de los poderosos y con carácter urgente tomen las siguientes medidas:
a) Garantizar que se devuelvan sus viviendas a los cientos de miles de familias y personas paradas y de bajas rentas que las han perdido al ser desahuciadas por entidades financieras y que ninguna otra vuelva a serlo por deudas a bancos que estén obteniendo beneficios multimillonarios. E igualmente, que se establezca una moratoria que impida los desahucios sobres arrendatarios y alquilados y los cortes de energía y agua a todas aquellas personas de baja renta que se hayan visto afectadas por la crisis y hayan perdido su puesto de trabajo.
b) Establecimiento de un salario mínimo social para evitar que ninguna persona o familia carezca de ingresos de subsistencia, que además en el caso de Andalucía esta recogido en el Estatuto.
c) Garantizar que las pequeñas y medianas empresas y las personas dispongan de financiación suficiente para que puedan desarrollar normalmente su actividad y vuelva a crearse empleo, nacionalizando para ello los bancos y cajas de ahorros que no cumplan con esa función y creando una banca pública que lo haga, en el camino de crear una economía alternativa y sostenible.
d) Llevar a cabo una inmediata reforma fiscal basada en la tributación sobre las grandes fortunas y patrimonios, sobre los beneficios de los bancos y las grandes empresas y sobre las transacciones especulativas.
e) Puesta en marcha de un plan urgente contra el fraude y la evasión fiscal y prohibición inmediata de que los bancos y cajas de ahorros operen en paraísos fiscales.
f) Elaboración de un plan de pago de la deuda pública que ha sido generada por la crisis bancaria que no responda a lo que imponen los especuladores sino a los intereses del estado español.
g) Puesta en marcha de un plan urgente de gasto social para equiparar el correspondiente a España y a sus comunidades autónomas con la media europea en educación, sanidad, pensiones, servicios de dependencia e igualdad.
h) Pronunciamientos públicos contra la complicidad de las burocracias europeas con los poderes financieros y contra la injerencia de éstos en las decisiones de los gobiernos elegidos legítimamente.
Como muestra de la firmeza de estas convicciones, las personas abajo firmantes se comprometen a tomar conciencia y debatir estos problemas, a asumir que éstos se han producido en buena parte por su silencio e incluso por su conformidad con el modo de vida consumista y pasivo que se quiere generalizar, a difundir esta denuncia y a no votar a ningún partido político, ni apoyar a organizaciones sindicales que no hagan suyas estas medidas en su programas electoral o que no las pongan en práctica allí donde gobiernen o desarrollen su actividad.

Para firmar este llamamiento escribe a encuentroandaluz@gmail.com

Descarga el pliego de firmas para colaborar en su recogida

Pobladísimo país de mierda

Pobladísimo país de mierda
Ya está, ya ha sucedido. El momento esperado se ha producido: a mi hijo, a punto de cumplir 10 años, le han dicho, por primera vez en toda su vida, «moro de mierda».
Najat El Hachmi | 7-10-2010 a las 20:17 | 1061 lecturas | 11 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/pobladisimo-pais-de-mierda
Ya está, ya ha sucedido. El momento esperado se ha producido: a mi hijo, a punto de cumplir 10 años, le han dicho, por primera vez en toda su vida, «moro de mierda». Marcaremos la fecha en el calendario para conmemorarla cada año, porque indudablemente comienza una nueva etapa en su biografía, aquella en la que deberá ser consciente de sus rasgos distintivos y las consecuencias que conllevan. De entrada me pregunta si eso de «moro» es bueno o es malo y repite, como un atenuante de su gran delito, que él nació en Vic. Como todos los niños, no se ve ninguna diferencia. Me habría gustado presenciar el acontecimiento, como el primer contagio, el primer diente que se cae, el primer trazo para dibujar, aún sin sentido, su propio nombre. Pero no, a partir de una edad, a los hijos empiezan a pasarles cosas de las que las madres no seremos testigos de primera fila, sino que deberemos conformarnos con el relato que a posteriori hagan ellos, en el mejor de los casos.
Yo tengo la suerte de no recordar muy bien mi primera vez, porque las tres palabras se escurrieron entre muchas sin sentido que iba aprendiendo de la nueva lengua. Después, me recuerdo buscándolas en el diccionario para intentar averiguar por qué aquello que me decían como insulto era un insulto, qué quería decir si era tan negativo. Buscaba «moro», claro, que la mierda ya sabía lo que era, este país del que todos hemos formado parte en un momento u otro y al que nos envían cada dos por tres, tal y como apuntaba el amigo de una amiga en una conversación a pie de calle. Mi suerte tal vez fue la de crecer en una escuela donde todos éramos de mierda en un momento u otro: el moro, el charnego, el gitano e incluso el catalán. Intuyo que los años que vendrán serán los más difíciles, los de intentar que mi hijo siga creyendo que es tan de aquí como cualquier otro y que nadie le puede negar el derecho a sentir eso por mucho que le repitan que es de mierda.

Los sindicatos entre la espada y la pared

Los sindicatos entre la espada y la pared



Lamento utilizar un título tan falto de originalidad, pero no encuentro otro mejor para expresar mi opinión sobre la situación de los sindicatos mayoritarios tras la huelga general, para los cuales se han reducido acusadamente los márgenes de sus opciones y la libertad para elegirlas.
Durante muchos años CCOO y UGT han desempeñado el papel de interlocutores institucionales de la clase obrera, con dos rasgos principales en ese desempeño. Por un lado, han cedido continuamente derechos y aprobado retrocesos en sus condiciones de vida sin oponer ninguna resistencia, o resistencia digna de mención. Por otro, han aceptado ideológicamente las concepciones del neoliberalismo y la creación de la Unión Europea bajo sus dogmáticos criterios. Han colaborado, pues, con el pensamiento dominante sin crítica alguna, como si fuera imposible otra sociedad
Como era inevitable, esta trayectoria prolongada ha producido un desprestigio generalizado de los sindicatos en el cuerpo social y un descrédito considerable entre los trabajadores. Instalados, por así decirlo, en el poder, pensaban que habían encontrado un punto de equilibrio estable: la burocracia, al precio de desfigurar el papel histórico y la naturaleza reformista y reivindicativa de los sindicatos, ganaba una presencia compensatoria en la vida social y política del país. Era un lugar común afirmar que los sindicatos se habían convertido en instituciones que defendían y consolidaban el sistema.
Así andaban las cosas. En una conversación privada con un relevante dirigente sindical, al que le expuse que en mi opinión estaban muy perdidos porque no habían entendido la gravedad de la crisis económica, sus causas y la ofensiva que desataría contra los trabajadores, me contestó que esa preocupación ni siquiera rozaba a los sindicatos, que estos no se moverían de su posición y que desde luego nunca respaldarían aventuras “izquierdistas”, por motivadas que estuviera n para algunas fuerzas políticas. Era el tiempo en que en IU había abierto un proceso para girar a la izquierda, desligarse del PSOE y democratizar la organización, que culminó con la llamada refundación (un tema importante que no trato).
Transcurrido el tiempo y estallada la crisis, los sindicatos mayoritarios no movieron ficha y siguieron actuando de la misma forma, sólo que cada vez las agresiones y amenazas sobre los trabajadores cobraban más fuerza, y por lo mismo sus márgenes se iban estrechando. Hasta que, como es sabido, el gobierno del PSOE, en mayo de este año, se quitó la máscara y emprendió una política de una dureza insólita y extrema. Con ello, los sindicatos mayoritarios vieron cómo se levantaba una espada que entrañaba peligros nefastos para la clase obrera y también, no diré sobre todo, para los propios sindicatos.
No tuvieron otra opción ante la corrosiva reforma laboral que levantarse de la mesa de negociación, a la que parecían firmemente at ornillados, y convocar la huelga general. Era una decisión inevitable pero también bastante arriesgada, de ahí postergarla varios meses, por la desconfianza que suscitaban entre los trabajadores y la desmovilización social existente. La huelga en la función pública estaba reciente. Con generosidad e inteligencia, el resto de los sindicatos y los movimientos sociales, por encima de esa desconfianza y superando reticencias bien fundadas, dieron su apoyo a la huelga general al entender que la convocatoria era, en suma, un llamamiento a la protesta social y una oportunidad para impulsar la reactivación de los trabajadores y los sectores sociales más desfavorecidos. Con ese apoyo, poco menos que se garantizó el éxito de la huelga, un éxito que de otra forma no se hubiera producido.
Sin duda, la huelga general ha sido una gran huelga, en el sentido de que ha sido la mejor huelga que podía lograrse en las condiciones en que se daba: desmovilización social, profunda desorient ación ideológica de la izquierda, debilidad manifiesta de ésta, desprestigio de los sindicatos, ofensiva terrorífica de la derecha, coacción empresarial, paro masivo, precariedad extrema, etc.
La espada está levantada. Zapatero, como un iluminado dispuesto a suicidarse por la causa, se ha propuesto llevar a cabo la reforma de las pensiones antes de que acabe el año y dice estar dispuesto a hacer todo lo que sea necesario, le “cueste lo que cueste”, para superar la crisis económica neoliberal con más neoliberalismo, en un contexto de presión sin tregua de las instituciones internacionales y los mercados financieros. No cabe engañarse respecto a la continuidad de las agresiones que se intentarán contra los trabajadores.
Pero a los sindicatos mayoritarios se les ha levantado una pared: la pared del propio éxito de la huelga general y la confianza que se les ha otorgado por parte de la izquierda para defender a partir de ahora los derechos de los trabajadores y e l resto de capas sociales gravemente perjudicadas por la crisis. No quiero imaginar el desastre que se originaría si los sindicatos frustraran las esperanzas que han suscitado y la confianza que se les ha depositado y de nuevo se plegaran mansamente, sin lucha, a las imposiciones del gobierno. La izquierda desaparecería del mapa por mucho tiempo y la ofensiva de los poderes económicos contra los trabajadores se convertiría en un paseo militar con efectos destructivos desoladores. Dejemos de pensar en esa alternativa. La otra no puede ser más que la de prepararse para una lucha sin cuartel, dura y prolongada.
Muchas cosas han de cambiar con respecto al pasado para qué CCOO y UGT recuperen la identidad perdida de sus organizaciones y alcancen a comportarse como exigen las circunstancias dramáticas en que está sumida la sociedad española. Hace falta, en primer lugar, un ejercicio de modestia y generosidad. Modestia para entender que ellos solos no pueden resistir la ofe nsiva que se avecina. Generosidad para integrar a otros sindicatos y a los movimientos sociales en las luchas que habrán de generarse, y esto tanto a nivel de las cúpulas como en los niveles de base, incluidas las empresas donde la competencia sindical, siendo inexorable, no tiene por qué ir acompañada de menosprecio y prepotencia.
Es hora de entender que en gran medida el desgarramiento sufrido por el mundo sindical se deriva, junto a la política seguida, de prácticas sectarias y actuaciones inadmisibles. No preciso dar ejemplos, pero está en la mente de muchos los abusos cometidos. Los sindicatos mayoritarios deben participar, con su fuerza reconocida, pero sin imposiciones, en las plataformas sociales que se han levantado y seguirán montándose. Como decimos, sin prepotencia, sin desprecios innecesarios. Hay ejemplos localizados en el proceso de preparación de la huelga general que debieran constituir el modelo de relaciones que han de regir con carácter general a p artir de ahora.
En segundo lugar, los sindicatos han de hacer un ejercicio de análisis y reflexión sobre la crisis que afrontamos. Es inútil ahora tratar de levantar reivindicaciones que en lo fundamental pretendan recuperar el terreno perdido. Y no porque esto no sea justo, y no porque no haya que reclamar cambios que restituyan derechos y mejora de las condiciones de vida de los trabajadores (en el terreno fiscal, en la protección al paro, en el mantenimiento de las pensiones….) sino porque los cambios ocurridos y el contexto de crisis hacen imposible desandar lo recorrido, al menos por el mismo camino. La destrucción, por ejemplo, de puestos de trabajo no es una evolución reversible por voluntad y lucha. La degradación de los servicios sociales reclama un cambio de política tan pronunciado y duradero que no está al alcance de las luchas momentáneas que ahora puedan hacerse. Porque, y este es un problema básico que han de incorporar los estrategas sindicales, la eco nomía española está sumida en una crisis tan profunda y en ciertos aspectos tan irresoluble que concatenar reivindicaciones sin plantearse las posibilidades del sistema para satisfacerlas es adentrarse en un callejón sin salida. Se suele decir que son más fáciles a veces los cambios radicales que los cambios graduales, algo que puede aplicarse al momento actual. No hay que juzgar con benevolencia a Zapatero, pero hay que entender que está atrapado en una situación inmanejable.
Y esto nos lleva a un tercer aspecto de los cambios que han de realizar los sindicatos. Hasta ahora se sentían cómodos en el orden establecido, o en todo caso pensaban que este orden era en el fondo inamovible. Pues bien, la salida de la crisis, todo el conflicto social que está generando tiene al final un componente esencialmente político. Sin comprender esto es imposible trazar una estrategia útil para afrontar los tiempos que vienen. Sin un proyecto político global que combata el neoliberalis mo y el marco impuesto por la Europa de Maastricht es imposible resolver esta crisis. Sin entender que el sistema está en bancarrota y que toda solución requiere como condición indispensable construir otro modelo económico y social en el que el Estado recupere los resortes, instrumentos y objetivos que en otros tiempos tuvo para conducir la política económica y social es instalarse en la utopía reformista, es darse calamones contra la pared que cierra las salidas.
Una construcción de Europa con criterios distintos de los que emanan de Maastricht podría ser una solución. Una Europa donde un poder supranacional cubriese las cesiones de soberanía que han ido haciendo los gobiernos a favor de los mercados, una Europa encaminada firmemente hacia la unidad económica social y política sería indiscutiblemente el mejor de los objetivos por los que luchar. Pero, en mi opinión, en la medida en que tal objetivo atañe a nada menos que 27 países en la actualidad, recorridos por div isiones y discrepancias de todo tipo, es irrealista planteárselo.
En mi experiencia, oyendo a los líderes sindicales en sus intervenciones ligadas a la huelga general, han empezado a revisar sus posiciones en un sentido correcto: el neoliberalismo ha declarado una guerra y hay que defenderse. Pero están pendientes de dar un paso esencial y sacar la conclusión pertinente por dura que resulte: que este sistema no nos sirve, que nos lleva a la catástrofe. Y si de sistema hablamos, la política ocupa un lugar central, ineludible, que los sindicatos debieran pensar en atender, ellos, y por su gran influencia, el conjunto de las fuerzas de la izquierda luchadora. La necesidad de convergencia de las fuerzas antisistema es una exigencia inexorable para cubrir los mínimos que nos reclama una situación tan grave y dramática como la que nos queda por vivir.
Hay, por lo demás, algunos aspectos relacionados con la preparación y el desarrollo de la huelga general que me gust aría comentar porque siendo de una naturaleza diferente son importantes para la lucha del futuro. Que el movimiento obrero y los sindicatos en particular estaban desentrenados para acometer el maratón de la huelga general es algo evidente. Repentinamente se ha debido pasar de la pasividad a una actividad frenética, lo que si en lo personal es difícil en lo social es imposible. Muchos años de no hacer ni siquiera una modesta tabla de gimnasia han adormecido los músculos, oxidado las articulaciones y debilitado la fuerza de la pegada. Para el futuro, ese abandono físico hay que desterrarlo, y aunque sólo sea para mantener en cierta forma, que no es el caso ahora, el movimiento obrero no debe pararse.
Pero esa falta de actividad sindical también se ha traducido en una pérdida de convicciones y energía en los miembros activos de los sindicatos. Se trata en este caso de algo sutil, como de la psicología o el estado de ánimo que predomina en estos activos. Los piquetes, po r así decirlo, han sido en general blandos, hay miedo, hay poca rebeldía latente en los que participan en ellos, se pliegan dócilmente muchas veces a las pretensiones de la policía y, en fin, no actúan con la contundencia debida en un intento como la pasada huelga general de hacerle ver a la sociedad que los trabajadores están hartos de tantos abusos e infamias como se cometen con ellos. La noche de la huelga, por ejemplo, los taxistas de Madrid se pavoneaban delante de piquetes de cientos de personas de que ellos ejercían su derecho al trabajo.
Por lo demás, una huelga general o cualquier actividad movilizadora de los sindicatos requieren, como si de una operación militar se tratara, de cierta planificación y solvencia a la hora de ejecutarse. La espontaneidad prima sobre la previsión y los muchos cabos sueltos estropean los resultados visibles de una huelga general. Por ejemplo, no es concebible que el Metro de Madrid operase el día 29 con plena normalidad, sin que se produjera intento alguno de perturbar su funcionamiento. El sindicato de conductores no convocó la huelga pero ello no debía ser obstáculo para que los sindicatos convocantes hiciesen su trabajo. Por otro lado, dada la dispersión sindical existente, los sindicatos mayoritarios deben ganarse el respeto y la solidaridad de todos mostrándose generosos y solidarios en la huelgas sectoriales o de empresa que no están dominadas por ellos. Es tiempo de unidad, convergencia y sentido de clase.
Se abre un período muy duro para los sindicatos, los trabajadores y el conjunto de la izquierda, a pesar del éxito de la huelga general. Hay que revisar actitudes, métodos de trabajo en las movilizaciones ahora que todo está reciente y las carencias manifiestas, y profundizar en el análisis de la crisis, las posibles salidas y las exigencias políticas que la excepcionalidad de estos tiempos impone. Nada debiera ser descartado, incluida la unidad orgánica de los sindicatos y la artic ulación política de toda la izquierda dispuesta a combatir el desorden existente e insuflar vida a la idea del socialismo.
Pedro Montes es miembro de la Coordinadora Federal de Socialismo 21